Un espacio ennegrecido, tan solo por el contraste y la distancia que hay entre el presente, ese lugar que habitamos en comunión, y aquel lugar sin tiempo ni espacio, pero que está y fluye. Esa dimensión donde la ilusión puede ser la única evidencia; algún respaldo material existe aquí, donde habitamos, pero se experimenta allá, donde la realidad se subleva y muestra otros tantos vértices de su verdad.
Quise tomar consciencia de mi mismo, pero llegué a la frontera. Puedo sentirlo. Puedo sentir cómo desde este lugar que se siente adentro, está ese acantilado enorme: todo lo que existe. Aquí mismo, me siento como observando una película, como si la realidad se hallase tan sólo unos kilómetros más allá de mi propia percepción. Hay una distancia entre lo que ocurre, lo que existe, y mi propia existencia.
Puedo sentirlo, puedo sentir que en este borde, esta muralla a la que me he subido, contiene tras de si un lugar que no se alberga en medio de mi carne. Pareciera que brota desde mi nuca y se extiende hacia atrás. Sólo cuando me entrego de lleno a ese sentir paralelo, cuando deshabito mis ojos y me alejo aun más de mi cuerpo presente, sólo en esa postura puedo dimensionar, percibir su forma, dilucidar su dinámica, experimentar sus cambios.
Allí me encuentro con lo que sinceramente soy. Mi personalidad, mis errores, mis traumas, aquel comportamiento errático que me lleva a la constante decepción y des-calificación de lo que pienso, digo y hago. Aquí me encuentro con esa densa versión de mi que carga con todo lo que me aleja de la mejor versión de mi.
Pero no lo entiendo bien, creo que estoy confundido. Me encuentro atrapado en medio de un organismo y lo obligo a hacer lo que, desde este lugar ilegible, deseo hacer. Y luego nacen nuevas confusiones: aquella entidad que se aloja tímidamente al interior de una masa orgánica está ligada a leyes, acuerdos morales, reglas y convenciones establecidas por la histórica alma de la humanidad.
Si lo quiero entender así, hay intenciones ajenas que trascienden todas las dimensiones. Controlan nuestros cuerpos, controlan aquella intangible agua mental, controlan nuestra voluntad.
Y así, puedo entender desde este breve análisis, que estoy compuesto por un cuerpo, por una mente y una voluntad. No soy dueño de este cuerpo, lamento no ser la mejor versión de mi para que el cuerpo que me contiene experimente su hábitat, pula cada uno de sus potenciales, reciba cada nutriente, cada partícula que pueda contener algo de combustible.
¿Soy dueño de esta mente? No lo sé, me confunde. Siento que es, tal como el cuerpo, un organismo independiente que por sí mismo tendría otros paisajes que recorrer. La mente insertada, contenida dentro de un cuerpo; una mente ajena al cuerpo, porque insiste en pensar de manera aislada y no desde lo cárnico. Pero esta mente, esta herramienta, este individuo de éter y otras reacciones químicas también esta supeditado a algo más.
Hay alquimia cuando se conforma un ser. Unir, fundir distintas materias, distintas dimensiones, en un único punto. Este presente, esta muralla sobre la cual me senté a reflexionar. Me siento esperando, reflexionando sin obtener respuesta en este espacio ennegrecido. No se a dónde va todo esto. Me confunden las convenciones, me confunde no ser un animal si tengo el cuerpo de uno.
Quizás estoy experimentando una reacción química, la alquimia de la separación de los materiales. Quizá tiendo a ser algo más simple de lo que fui.
sábado, 2 de mayo de 2020
lunes, 8 de abril de 2019
0. Obertura y siembra
...
...Existe
*
Existe.
Inhala, retiene... exhala.
**
Sigue existiendo.
Se separan los párpados,
se calibra la vista.
***
Sigue existiendo.
Mirada a la izquierda, suspiro.
Mirada al presente, respiro.
Mirada a la derecha, retengo.
****
Sigue.
Soy mi sangre, soy mi sudor, soy mi aliento, soy mi tiempo,
soy mi voluntad, mi determinación
soy mi creatividad, imaginación.
Soy respiración, soy mineral, soy asociación.
*****
viernes, 1 de febrero de 2019
Pequeña danza
El ritmo de las catástrofes es suficiente para agotar la vitalidad del aliento. Mas, desde la posición impersonalizada -la ecuanimidad-, la sinuosa dinámica del acontecer es equivalente al canto de un ave que brota por el crepúsculo.
Se esconden melodías hasta en la más ominosa catástrofe.
Danza encendida por el fuego, pero también la fogata, el leño que se incinera, las cenizas y el humo danzan.
Queda en cuestión, aun, si corresponde al cuerpo en cuestión, y de acuerdo al contexto, evocar una danza en cada hito. Una minúscula existencia, cuyo ritmo interno se acopla al ritmo externo, cuya materialidad se afina con el movimiento; universo fractar en ese cuerpo. La derivación, multiplicación o traducción del presente es una consecuencia del hecho, la danza es ancestro de lo que existe y lo que ocurre.
martes, 11 de septiembre de 2018
Cosmogénesis
Pulpa integral, circular respiración. Una moción errática y brota un centro, origen de toda infinita expansión. Esta eclosión es el Espacio, Inau. Mas, tras cada oscilar de Inau, un hito se ha de cristalizar; esta historia es el Tiempo, Oman. Ahora se existe, pasado, futuro y presente.
La cúpula inquieta, la intersección entre las dos serpientes, es el hogar de una frágil existencia: la blanda evolución de la pulpa. Solo en ese momento, cuando la carne del fruto se diseminaba en el entramado tiempo-espacio, es que las semillas exhumaron su letargo. Una placenta que se cultiva a sí misma, que se consume y se recompone es el Universo, Öm-Xantii.
(...)
En un presente a una inconmesurable distancia del origen se puede observar cómo, aun a estas alturas, en el comienzo destella con variado colorido una explosión de existencia. El pulido corazón de mineral que posee aquel híbrido en el pecho, cuya concavidad apunta precisamente el centro de Öm Xantii, refleja con claridad las semillas del comienzo en su brotar colorido, llenando de raíces luminosas la cúpula de inagotable crecimiento.
El híbrido, cuyo cuerpo metálico se oxida, cuya oxidación metálica se desintegra en arena solar, cuya tierra astral sostiene raíces terrestres, raíces que sostienen pulmones verdes. Pulmones verdes que alimentan bellas flores. Flores que dan comienzo a la vida en todas sus formas. Flores que rodean aquel hito llamado cuerpo que replica sin peso la historia del comienzo.
lunes, 18 de junio de 2018
Insípido uróboro marítimo armónico
Una cosmogonía infinita e imaginaria hubo de sembrar un sueño, una vez hace millones de años, en el la hondonada más abrigada de mi ombligo. Desde entonces, hongos y musgos se han encargado de colonizar cada escama humana que me compone. Uno a uno, los planetas fueron derrotados por la energía; por donde se mirase había una profunda selva, xérica o umbría. En mis mejillas pintorescas se reflejaba el rubor del calor, aquel que mantiene mi vida atenta como fruto del arte, como seudópodo de Gaia, como el guerrero pastoril de mi historia, como el mejor amigo de mi sombra, mi locura, mi soledad, mi tristeza, mi particularidad, mi individualidad, mi corporalidad.
Yama, pureza de mente. El caos radicular cuyo nido se extiende en todo mi cóncavo cráneo ha migrado al resto de mi cuerpo.
Niyama, pureza de cuerpo. El orden radicular cuyo nido es el sol de mi vientre se erige hacia el norte.
Pranayama, la respiración. El prequeño brote de consciencia bate sus hojas, se refresca con la lluvia, medita con lágrimas, sonríe al sol, se endurece ante el viento y su haliento.
Tres grandes vinieron desde el crepúsculo de mi cosmogonía. Trajeron habladurías, palabras de incienso, un montón de imagos de polilla y también hierbas emenagogas. Había en sus facciones una ternura remota que, al parecer, no es más que la proyección de un futuro superior. La selva no posee tiempo y por ello encursionó hacia mi presente temporal para tenderme una rama de ayuda... y una piramidal infrutescencia de suculencia orquídea y ocre.
jueves, 10 de mayo de 2018
Tizanas, néctares y humores
Raag Aasaawari: de escencia intensa y esotérica, poco definible, propio de la escencia (rasa) del amor (Shringara).
Paisaje interno, metáfora de lo cierto y lo abstracto;
imaginaria materia, luz-moción creativa.
Pero el color brota en el vértice del rayo luminoso,
se dislumbra entonces el molde invisible,
aquello palpable, pero indefinible.
Brotan berbenas espinosas, praderas atestadas de parvas matizadas.
Desde un montículo efímero y con una visión improbable
proyecto mi mirada hacia todos los horizontes
y para mi sorpresa, en un reflejo imaginario de mi cuerpo,
es que habita un universo encontrado y perdido,
el remoto universo que habita dentro mío.
Dos peces, escindir y atender.
Sus escamas son pulidas por el aire y por el agua,
nadan entre corrientes marinas y aéreas.
Simbiosis,hay nubes y ballenas, corales y semillas.
Se subleba agua fresca, libre de minerales;
nutre el humor ventoso del cielo.
Siendo uno, en vívida neblina, se han ofrendado a la pared de mi consciente.
Aquel acantilado pétreo se ruboriza ante la bruma.
A la altura de mi pradera, en el borde de mi acantilado,
sostenido por mi roca, borracho de mi marino aliento;
aquí, sosteniendo un brebaje de mis tostadas bayas,
aquí, encantando mi vista táctir en la forma de mis nubes.
Aquí adentro sólo hay un reflejo.
Cada imaginaria forma es sólo una apreciación,
una consecuencia de una acción. Una acción que no es mía,
una acción que no soy yo.
Exhalo, vuelvo a la atención. He cruzado la cueva estrella;
aquel desfiladero que siembra en la utopía de mi corazón.
Estoy en la atención, soy en la atención.
Estoy en la ciudad, que parece no ser tan concreta.
Hay en la humanidad tanta más imaginación:
en las pirámides humanas, en la verde obseción,
en las estructuras anticuadas, en el ansia diferenciador.
Tanta más imaginación, gris y cruda,
tanto hambre desconocido, por desconocer-se.
No hay carne sin semillas, ni calor sin amor;
no hay hueso sin hojas, ni amor sin frutos.
En la atención soy un acción, aquí afuera soy un reflejo;
soy la convergencia de tantos rayos, la luz digerida y hecha comida.
En el concreto de la ciudad estoy, concreto que es piedra molida,
piedra de las más bellas montañas, del único planeta que he habitado.
Planeta hecho de estrellas molidas del único universo que he habitado.
'Universo', resultado de mi interpretación consciente,
resultado de mi experiencia sensitiva,
resultado de mi voluntad interna.
En este escenario imaginario, que varía según la perspectiva
prefiero reflejar lo concreto de las vivas montañas y las vivas praderas,
los vivos bosques con sus vivos residentes,
los vivos humanos, sus vivas emociones.
Y en lo concreto me encuentro, describo esta mismísima mañana.
Si le pongo consciencia y atención, me encuentro con una onírica mañana.
Mi presente es reflejo, del reflejo que soy;
soy un filtro de todos los rayos que se reflejan al interior de la cúpula cósmica:
- Un amor completo, antes relatado por los sueños, ahora rectificado por el sistema inmune de tu cuerpo y mi cuerpo.
- Un brebaje caliente de semillas: aquellas venidas de vainas africanas y aquellas vainas venidas de la India, la genética de Asia y Etiopía se han filtrado por la manoseada agua que la cordillera mineral y nodriza provee.
- Mi deber como célula del planeta, en sanar su piel descubierta, en abrigar su tierra del invierno, en humectar su tierra en verano, en limpiar el aire que mantiene vivos a quienes sembrarán sobre su cuerpo un abrazo.
Paisaje externo, reflejo de lo cierto y lo abstracto.
martes, 6 de marzo de 2018
En mi pradera brota la realidad
He construído mi panal en el centro de una pradera. El cielo me dice día a día que la metáfora sólo se cultiva de noche, que las estrellas llueven luces; que cuando tengo el tiempo y la instancia, la metáfora es la herramienta. Mas el día me trae novedades, con rayosfríos y cálidos me atrae a la acción; el día me recuerda el viento y el mar que cerca y lejos están. El día me dice que la acción, el instinto y la razón son una triada que en harmonía deben estar; tal como cada una de las paredes de mi panal.
Y la metáfora le dice cuerpo, y la realidad brota en el cuerpo. He de hablar con claridad, he de sembrar planetas en mi piel oscura. He de cosechar palabras de mi imaginario, caminar hasta el borde de la pradera y allí ver cómo brota la realidad: hay corazones vivos, latientes, sintientes.
Y la metáfora le dice cuerpo, y la realidad brota en el cuerpo. He de hablar con claridad, he de sembrar planetas en mi piel oscura. He de cosechar palabras de mi imaginario, caminar hasta el borde de la pradera y allí ver cómo brota la realidad: hay corazones vivos, latientes, sintientes.
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