Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sueño. Mostrar todas las entradas

lunes, 24 de junio de 2013

3. Los siete cadáveres

En un principio, cuando las culturas recién comenzaban a entender lo que pensaban, una furiosa enfermedad les hacía temer cada noche. Era tan esporádica e intensa que jamás  se sabía quién iba a morir por dormirse, por soñar. Los hombres, mujeres, niños y ancianos que dejaban de reposar ese largo tiempo bajo el manto nocturno por tener un montón de imágenes increíbles en el cráneo que le hacen desvelarse, revelarse y conocer de dónde vino, que le responden más de lo que humanamente ha llegado a hacer por responder. Son pocos los bípedos que lograron soportar este terremoto de información, que sólo se presentaba en las noches más despejadas de pensamientos y quehaceres, aquellos hombres sólo habrían ingresado parte de su ser en la pradera primaria y sin siquiera ser presentados a las grandes cantidades de la cascada creadora del universo.
La enfermedad del soñar fue tal para los primeros hombres, que de alguna u otra manera lograron juntarse todas las culturas apenas dividas, lograron encontrarse en un lugar de la tierra para discutir con movimientos, cantos y representaciones lo complejo que era el soñar. Cada cultura presentó al hombre o mujer más afortunado y experimentado en el plano de los sueños, aquellos que habían sobrevivido a uno o más de estos eventos y aún seguía ligeramente cuerdo. Aquellos ocho personajes, cuatro hombres y cuatro mujeres, serían entregados muertos a los sueños para que una vez estando allá, no podrían volver a ser asesinados por la enfermedad; los más sabios tenían alguna noción de que cosas andaban por allá, después de recopilar la información vomitada en forma de espasmos por los agonizantes seres que se mantuvieron un buen tiempo en transición de muerte. El encuentro de las civilizaciones creó espontáneamente un hermoso encuentro para compartir creencias y vivencias, especias y materiales, pero todo iba bien relacionado con el trascendental sacrificio que daría final al efímero sentimiento comunitario. Ocho culturas ligeramente distintas pero con ocho humanos estrechamente relacionados entre sí, cada uno parecía ser la futura expresión llevada al extremo de su civilización misma.
Cuatro hombres y cuatro mujeres fueron estirados en ocho piedras tibias, a la orilla del mar y equipados con sus respectivas armas. Cuatro hombres y cuatro mujeres sin miedo a morir tenían en sus párpados el peso de cinco días sin dormir, cinco días de abstinencia al sueño para asegurarse un profundo sueño del que no volverían. Cuatro hombres y cuatro mujeres partirían sin saber a la pradera primaria para dar solución a esa enfermedad, pero creían que iban a batallar, creían que iban a enfrentarse con esas negras bestias descritas por sus pares. Cuatro hombres y cuatro mujeres fueron despojados de la vida al mismo tiempo, bajo el dulzor de una noche pacífica, arrullados con el susurro de la marea, cobijados por la temperatura de sus piedras y cuidados por su cultura entera. Cuatro hombres y cuatro mujeres se fueron muertos al más hermoso de los posibles sueños para jamás volver, cada uno con una estaca de madera en el corazón.
Extrañamente, los ocho personajes sintieron estar llegando a algún lugar. Se tomaron las manos por inercia, no se habían dado cuenta de que estaban en un sitio y sentados en círculo, se miraban las caras eternamente desconcertadas. Pudieron sonreírse los unos a los otros con un alivio de no sentir dolor, otros alegraban los ojos por enterarse de cómo es estar muerto. Se soltaron las manos para pasearlas por el exquisito césped que hacía de cojín, pasearon también los ojos por las hermosísimas lomas que se distribuían por todo el lugar, hasta detenerse con los troncos de un rarísimo bosque de follaje frondoso amarillento. Se sentían felices, despojados de peso alguno, vivos. Uno de los hombres se levantó y mantuvo las rodillas flexionadas, los hombros tensos y los ojos derechos, estaba a la defensiva; a lo lejos se encontraba una loma llena de cadáveres correspondientes a los difuntos por culpa de los sueños y más allá se acercaba un grupo de perros oscuros. Sin pensarlo dos veces, los ocho humanos imaginaron sus instrumentos de caza y al instante aparecieron sobre sus cuerpos. Los canes detuvieron el paso y simplemente miraban con distancia, sabrían lo que venía, los violentos humanos les despedazaron y la carne de los animales quedó desordenada por el césped, la sangre rebotaba en el piso y gritaba poder volver a las venas por las que corría antes. El pelaje de los animales era confundido con el tenue color que quedó en el lugar y los ocho hombres se quedaron mirando el desastre que habían dejado, nada habían hecho, esto no era la solución a la enfermedad porque los perros oscuros no eran el sueño tan agonizante y revelador que nublaba las córneas de sus hermanos. Sólo entendieron esto último cuando hubo llegado otro grupo de perros duplicados que armó un círculo aún mucho más grande que el de los humanos, enjaulándolos en el juicio del mal actuar, de las acciones precipitadas y apuradas. Los ominosos canes, sólo para dejar todo claro, dijeron a los cuatro hombres y cuatro mujeres:
Sólo aquellos hombres que soñaban se podían asomar a la pradera, algunos otros se perdían y morían en el sueño calcinados de tanta belleza. Ahora seréis sometidos a ofrendarnos las vidas de sus pares equivalente a las de los nuestros, sólo entonces dejaremos de ser perros oscuros. En el entretanto, cuidaremos de que ningún otro bípedo logre escurrirse en esta maravillosa realidad onírica, por lo inconsecuentes e irresponsables que son. Ahora largaos, que mientras antes traigáis las eternas ofrendas, antes acabarán con su eterno castigo.
         Los cuatro hombres y cuatro mujeres agarraron un poco de tranquilidad al saber que ya no morirían sus parientes por un mal soñar, por no saberlo hacer. Se retiraban con un castigo pero satisfechos por cumplir la misión que les costó la vida. Se tomaron las manos y se retiraron al bosque, allí en el universo entero encontrarían una solución. Cuando estuvieron próximos a cruzar, la polilla se posó en el hombro izquierdo de todos ellos y se bebió la vitalidad; se puso a la izquierda de todos porque todos eran humanos, en ese preciso instante murieron verdadera mente, murieron para volver a este mundo con un filtro diminuto y pasearse por entre los mismos humanos para buscar las ofrendas. Su nueva misión sería volver a vivir, pero llegarían a esto una vez que cada uno ofrendara a su cultura entera. Los años pasarían y éstas se reproducirían, entonces los hijos e hijas traerían las esencias de sus padres en cantidades menores. La labor parecía no tener final, pero salvaba actualmente de los humanos para no morir agonizante en los sueños, a pesar de que la labor de los ocho cadáveres fue en un comienzo  quitar el aliento a sus propias culturas mientras dormían, ausentes de dolor y revelación, una muerte silenciosa y somnolienta.
         Los ocho cadáveres buscaban a los humanos que tenían la esencia de las primeras culturas y se los llevaban cuando se encontraban algo débiles para volver a la “realidad”. Muy frecuentemente eran los enfermos, pero también había personas tan apegadas a la pradera primaria que hasta parecían dejarse llevar por propia voluntad. Los ocho individuos paseaban así infinitamente por todo el planeta, para juntar cada uno la unidad completa de la cultura que les sacrificó. Buscaban volver a la vida para enseñar a todos los demás humanos a soñar, para buscar armonía entre los perros oscuros y los hombres.

         “Parece siniestra la labor de los cadáveres, a pesar de que quisieran unificar a las dos personalidades oníricas más abundantes del planeta” Fueron las palabras que encaminaron al octavo de los ocho cadáveres por otra senda, justo cuando se llevó la vida del ser humano milenario. “Mil años han pasado desde mi sacrificio, y quién sabe cuántos otros miles deberán pasar”. El cadáver decidió recostarse en un lugar del planeta para recrear su sacrificio, quería llegar a soñar nuevamente y encontrar otra solución posible en este universo de lo probable, no le cabía en su inerte cráneo el hecho de someterse a una única salida. Mientras esperaba por dormirse, comprendió que en realidad buscaba a la polilla. Viajó largamente hacia su izquierda y desapareció, la encontró y de alguna manera se volvió el primer chamán.  Sólo quedan en el mundo siete cadáveres, a ellos les corresponde liberar a la raza humana para disfrutar del soñar.

jueves, 6 de diciembre de 2012

Flósculo de pocos colores

Fósil de Ammonite
Creemos firmemente en la anteposición de emociones, crean huracanes de corrientes de diferentes temperamentales provenientes de distintos hemisferios de plano cerebro que dice e infiere sobre nosotros, que nos hace pensar que tenemos dueño. Somos espirales con personalidades tan magníficas que todo lo maravilloso ya pasó por alguna de nuestras células, moléculas, energías y escencias combinadas de todo lo anterior. Creemos ser bucles sumidos y sumergidos en el aprendimiento moral de las mareas, en las trompetas desentonantes de las corrientes y la matemática del agua. La propulsión física se nos entiende como la voluntad del avanzar, cualquiera sea nuestro norte, cuando sólo depende de dónde se encuentre tu inferior y tu superior. Estamos en el mundo de lo probable, bajo la sombra de lo posible.

sábado, 3 de noviembre de 2012

Un parral en Nagarkot

Morfeo, que vivió con Baco antes de marcharse, sentía un cansancio arenoso bajo sus ojos. Su rol con el mundo entero sin gloria ni gracia le atentaba la moral, las ganas, las motivaciones y los existires, allí en la India.
Los dioses generaron una vida juntos después de ver cómo Dios se apoderaba de la mayoría de las religiones y siendo personajes ficticios no pudieron actuar; sin embargo, al estar presente en todas las bases culturales como justificaciones a ciertos actos, tampoco pudieron desaparecer. Los dos se internaron en la seducción mutua del sueño y el vino. Dios ni se ha enterado de que los dos bisexuales todavía permanecen en su negocio gnóstico.
Morfeo pasaba su vida con cargos de conciencia hundidos en ciudadelas pobretonas con paisajes grisáceos, concediéndole alguna que otra vez el sueño a los rutinarios y metiéndose en los sueños de los ateos, pues tenían configuraciones distintas, que abarcaban un plano muy remoto y desconocido. Baco, por su lado, se divertía estremeciendo los hígados y provocando peleas en ritual de si mismo, porque los rutinarios tenían costumbres más inhumanas que los trogloditas. Al terminar sus horas de trabajo sin remuneración, los dos se regalaban entre sábanas de perlas, se fusionaban luminosamente mientras contrataban a alguna ninfa perdida (de algún músico que aseguró ser bendecido por alguna y luego se llevaba todo el crédito) para que tocara la lira durante el acto carnal. En casos contactaban a diosas para que participasen de una orgía, de la cuál surgían sentimientos tan potentes que llevaban a la sociedad entera por caminos inesperados e inadecuados, corrientes que degradaban en lo emocional y les separaba de lo material, a lo que Dios tenía que actuar con sus empresas capitalistas y su aliado americano.
Un día, después de tanto revoltijo en la cama de insectos, la pareja despertó con una resaca espléndida. Baco se puso ropa interior y preparó algo de gastronomía para su soñador; en la escena culinaria, el cocinero express encontró cierto condimento que le llegó hasta la más recóndita fibra de su ser: curry Vindaloo. Baco se quedó pasmado recordando cómo en paralelo a su cultura en aquellas épocas, los portugueses se fueron a disfrutar del cerdo en ají, vino y Vindaloo con los indios, sus lenguas jamás habrían alcanzado un sabor tan exquisito y terracota. El hombre llevó, a su amado un pequeño omelette relleno con salsa de champiñón al Vindaloo, cuando Morfeo probó pizca de la creación se volvió a enamorar. Decidieron partir desde norteamérica hacia la India.
Recolectaron varias ninfas, dioses y diosas, para llevarles a un lugar de vida sin Dios. Morfeo se encargó de que viajaran en un velero con forma  de pluma y Baco se encargó de ponerle dentro de una gran botella. Varias de las artistas dejaron sus liras, harpas y flautas de pan, para adueñarse (robarse de alguna tienda asiática) una que otra tabla, sitares y santures. Morfeo se construyó un ektara con los cabellos de Baco, que se le caían cada vez que alguien le negaba un trago.
Luego de dos semanas de mareo constante, las mareas (más amables que los machos) les escupieron por el mar arábico y llegaron a las costas de Goa. Esperando por algún recibimiento Mauruya, pero después de dos días, los seres mitológicos se dieron cuenta de que por allí tampoco habían otros dioses paganos. Caminaron y pasearon cuatro días a pie y a mula desde la costa hasta Panaji, todos estaban alucinado con tanta cultura nueva y cambiada desde los siglos posteriores, se emocionaban al ver los cuidados del vacuno, las mujeres y hombres tan espirituales, el desorden inmaterialista, los agradecimientos constantes y los restaurantes fragantes de Vindaloo.
Todos casi como personajes de alguna excursión, discutieron varias horas para elegir cuál restaurante elegir para la degustación divina. Cuando finalmente se decidieron por uno que se encontraba a las orillas del mar, todos pidieron el mismo plato: cerdo al Vindaloo.
De todas las reglas que mantenían estos dioses "ilegales" la más importante era deshacerse de los placeres divinos y Baco olvidó tal norma cuando se llevó el primer puñado de su plato recién servido y temperado a su boca lilácea, mientras Morfeo miraba sus labios abrirse (y se encontró con que la saliva ebullía de deseo). El grupo residual de dioses se quedó impactado con la reacción del dios del vino y la desesperación comenzó a brotar intranquilamente: Baco gozó tanto de tal plato que le recordaba sus orígenes -más bien indios que grecos- gozó tanto de lo tierno de la carne, gozó tanto de lo picante e intenso del curry, gozó tanto de aquel jugo ladrillado, que sus niveles de placeres se elevaron hasta las pezuñas de Dios. Todos los demás mantuvieron sus perfiles bajos gracias al miedo de emergencia, pero Morfeo sabía que lo ocurrido pondría sobre su amado un "destino", la única obra del Omnipotente de la cuál no se puede escapar una vez consciente de ello. Dios llegó del occidente y al único que pudo ver fue al vinachero alcanzando su propio nirvana, el creador le tomó del brazo y de la nada abrió la puerta divina al "descanzo eterno". Baco logró mirar dentro de ella antes de entrar y vió a todos los dioses indios, nórdicos, eslovacos y otros pertenecientes a más culturas europeas y asiáticas que cometieron el error de gozar todos los condimentos del Vindaloo, para que Dios mismo viniera a buscarle después de probar las especies ponzoñosamente divinas. Miró al soñador una última vez y le replicó en un tono fermentado "no dejes de soñarme durmiendo". Dios miró en búsqueda de algún otro dios y no encontró perfiles orgullosamente a su altura...
Aquí se encuentra con dos semillas, aquí en Nagarkot, donde sus sueños concedidos se quedan inmensamente disminuidos en comparación con lo real que hay, lo que aquí se encuentra, lo que aquí se respira y se siente. Estuvo sentado junto a las nubes horas infinitamente eternas, observando cómo en el horizonte se veía la nuca de Dios. Morfeo, después de la partida Baco, sintió que había perdido su todo; no había sentido que sus culturas y ritos y ofrendas se habían perdido hasta que perdió al único que hacía que su mundo no tuviera dios ni destino, se mantenían en una embriaguez mutua, con los párpados morados y los labios mojados. Jamás hubo tenido una pesadilla, pues su misión siempre fue el sueño, lo deseado, lo querido, lo esperado, lo añorado, lo planeado. Su obra en el planeta es el sueño mismo. Morfeo no había tomado en cuenta algunas cosas: en el momento que Dios cerró aquella puerta divina, dejó que sus ojos se posicionaran en el suicidio pacífico por el Tíbet -donde no hay religión-, pero se interpuso un lugar mucho más alto y más falso por más que se encontrara enraizado con el Imperio de Dios, Nagarkot en la misma Nepal. Tomó su ektara para no perder la fuerza de voluntad durante  todo este largo viaje, en el que goteó como un barril desangrándose de vino. Escaló cuanta montaña se le cruzó antes de llegar, nado dentro de cuanta duna se le asomó y finalmente se dejó caer en las alturas Nagarkot, pues allí las nubes que vivían oníricamente le veían como un aprendiz del ensueño.
El mitológico se posicionó sobre la roca más humilde y allí las vaporizaciones le revelaron la pequeña gran diferencia entre el y Dios, la existencia de un destino: Dios le concedía el sueño a sus creyentes y encima les proveía de un destino; Morfeo, en cambio, les concedía todo lo que querían y les daba paso al inconsciente, al único abstracto que estando en el mundo de lo probable, hacía posible la existencia del destino. "Morfeo, eres la llave de Dios". Tomó su ektara y les regaló una melodía de cuna mientras tomaba el último detalle que Dios olvidó de Baco, sus cabelleras musicales. El interprete se quedó dormido intencionalmente y utilizó el cabello de Baco para llegar a él. Allí, las nubes le acompañaron para que no se perdiera en el inconsciente de Dios, corrió entre todos los dioses digeridos por la puerta divina y el vinagre del paraíso le hizo encontrar a Baco, le tocó la tez, le besó la frente y con su mano le quitó un lunar de la mejilla, se despidió para siempre y le aseguró volver a crearle. Las nubes le despertaron mucho antes de que el amor le confundiera y luego, para pavonearle, le dictaron nuevamente su poder sobre Dios y su misión de sicario de la religión, sería el cáncer de la Biblia.
Las nubes le armaron del suicidio: los conocimientos yoguitas y tibetianos, las explicaciones del ateísmo y el manual del ser humano. Morfeo estaba el borde del desexistir, pues ahora todas las razones de por qué el hombre le hizo real en su inconsciente eran respondidas, justificadas y criticadas con el presente y todo el pesar del pasado, sin embargo, su objetivo mayor se encontraba mucho más dócil. Se sacó un lunar del labio con la otra mano. El lunar de Baco es una semilla de uva, su lunar es una semilla de Calea Zacatechichi, pues quiso asegurar para el planeta entero la aparición suya y de su amado mientras caían embriagados por el resultado de la nueva raza sucedánea, el apareamiento de las dos semillas, un vino preparado con hierbas del sueño.
Aquí se encuentra con las dos semillas, ya plantadas, aquí se encuentra mirándole la nuca a Dios. Se figura a si mismo, tan fuerte después de cuestionarse y desjutificar su existencia. Y le habla a Dios, pues en aquel lugar está mucho más alto que los pilares de su Biblia. Dios se da la media vuelta y se sorprende al ver a un dios hecho deidad, se sorprende porque no sabe a qué se enfrenta, porque no hay destino en los sueños de Morfeo. Emprenden una batalla donde un coro polifónico de ángeles interpreta las más grandes obras occidentales inspiradas en Dios, lamentablemente; mientras que el soñador es escudado por todas las nubes de Nagarkot que se hacen las sordas ante tal música tan minimalista y compuesta, al mismo tiempo que los dedos y manos del guerrero se mueven en velocidades imposibles y apocalípticas sobre el ektara liláceo. La disonancia e improvisación de la música provocan en el Omnipotente un somnífero sentimiento de asco, los ángeles se revientan con los prejuicios y los instrumentos minimalistas desafinan en tonalidades innovadoras: Dios está destruido, es vencido y salvado por su propio destino del "día final", el Demonio se asoma por debajo de la túnica de Dios y le escala hábilmente, le susurra al oído palabras de mala zaña antes de que el gigante se desplomara sobre sus iglesias. Dios pronuncia la última palabra de 216 dígitos y maldice inútilmente al dios del sueño, se lleva a toda la comunidad creyente consigo y a los agnósticos les quita la sabiduría (se quedan con el conocimiento), se lleva su heterosexualidad (vuelven a la bisexualidad) y se agotan los prejuicios reglamentarios (las mentes se abren). Morfeo quedó anonadado con el efecto de su concierto vaporizado y sintió pena por los últimos humanos que quedaron, pues de tanta liberación y luminosidad obtenida, lo olvidaron todo y se volvieron monos. La tierra giró en sentido contrario. La pesadilla había terminado.
Cuando se calmaron los volcanes y las mareas vomitaron todo lo que se tragaron, las nubes volvieron a hablarle al soñador, le abrieron el cielo y le mostraron que existe algo mucho más increíble que los sueños, el universo entero. Morfeo desconocía la existencia de un más allá sino el Hades, tampoco rayos luminosos más potentes que los de Zeus. El espacio que se abría entre sus ojos llenos de cansancio era tan oscuro que las latentes ganas de dormir bajo un cielo estrellado se convertían en las ganas de ser una estrella soñando con un universo dibujado. Una gran medusa saludó a las nubes y desde un astro cercano tomó a Morfeo y le llevó consigo, le agradeció traer a este planeta la existencia de lo aleatorio, del desdestino. El ektara de baco permanece allí debajo de la primera parra de la historia, que era tan bella como sacada de un sueño después de un delicioso cerdo al Vindaloo.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Bacilación de un psicoactivo

"En el reino de la sobre coma..."
 
ANTECEDENTE: Oyente visual, elijamos dos nombres (lo más estereotipados posibles para romper los esquemas con un toque de ají): Atahualpa y Alicia. La primera con raíces incas y tendencia homosexual, la segunda con una visión a lo típico "europesco". Elijamos un equivalente a la historia revolucionaria, la cocaína.
**********
Estaban las dos en esa alfombra rugosa, de tres colores familiarizados (azul, celeste y blanco), alucinando: Alicia divagaba sin rumbo por callejuelas de Amsterdam o Nueva York, queriendo siempre vivir realmente en aquellos lugares tan bien pintados con óleos realistas; Atahualpa se fundía en el rose de sus hombros con los de su compañera, se derretía poco a poco y se encarnaba en la capa de células que se contactaban. Las dos estaban nadando en cocaína por diferentes razones: Alicia por su amor a las drogas duras, a las fotografías de ella adhiriéndole a su cuerpo, al mundo populezco de alta alcurnia; Atahualpa por la obsesión de ver esa sonrisa atontada en la otra, por volver a ver caer esos ojos que parecieran estar siempre despiertos, por ver enrojecida esa nariz que hace contraste con la piel pálida de Alicia. Alicia relata todas sus experiencias con algún viril de la época, mientras Atahualpa finge entenderle y aconsejarle vagamente, cuando en realidad sólo deja que sus ojos bailen la ritmo de los labios de su interlocutora. Atahualpa está profundamente enamorada. Atahualpa conoce el amor incondicional.
Cuando se encuentran solas, Alicia pareciera ser la pareja perfecta, Atahualpa se deja embriagar por el elixir de la amistad, pero se traga la ponzoña de los esquemas sociales hombre-mujer, mujer-hombre, hombre-mujer, mujer-hombre. La indígena no hace más que reflexionar sobre su envenenamiento pasional, busca soluciones a un amor tan profundo y las encuentra, las desecha para volver a enamorarse. Alicia vive la vida drogándose, es una vividora, es una soñadora, será una adicta. La amistad de las dos va más allá de una simple conversación en la realidad, se encuentran en lo onírico y se abrazan, Atahualpa prepara todo un escenario, todo un Set & Setting para recibir a su codiciada, pero esta la bombardea con edificos, cámaras fotográficas, montañas de Nutella y botellas de Coca-Cola.
Alicia puede pensar más allá del mundo superficial, ella tiene capacidades y no las gasta por simple capricho, por la obsesión de ser una más, porque le gusta la "G" de globalización, porque adora estar en la marea. Atahualpa le descubre, le palpa, le lee, le predice y se enamora, y se enamora, y se enamora.
Atahualpa deja de arreglarle la vida a Alicia, pues conoce el origen de la droga dura: la raíz equivalente de la resistencia, del valor y la fuerza de voluntad, la hoja de coca. Atahualpa corrió entregando mensajes sin parar, de una región a otra (del cerebro) de Alicia, pero jamás utilizó el estimulante adecuado. Las dos estaban ahogándose en la adicción, los síntomas de la abstinencia y la poli-polaridad. Atahualpa revienta en declaraciones incas y lamentos aborígenes, Alicia se intoxica de confusión. La mujer europea asume vivir pendiendo de las venas de su amiga, respirar de las arterias de su compañera, purificarse de las linfas de su amor platónico...
Atahualpa deja el amor incondicional para regresar y recorrer su Camino del Inca, Alicia se muere caminando en las blancas líneas de Francia. La hoja de coca da vida y resistencia antes de toda la síntesis de la cocaína, que refina tanto lo bueno como lo malo.

lunes, 29 de octubre de 2012

Impotencia onírica

Agradezco el descanso, comúnmente nocturno. Aborrezco aquel oportunista ladrón de energía que se posiciona en la esquina de nuestros pies, primero para ver qué soñamos, luego para reírse un poco y por último para llevarse todo aquello que significa enérgico para nuestro nuevo amanecer (aunque sea nocturno, un amanecer es un amanecer metafórico y simbólico). Pongo en pie la campaña contra el ladrón de la materia prima para vivir, ya ni siquiera se tiene que dormir para agarrarle... El tema es porque se hace más difícil durmiendo...Más difícil se me hará hacerle dormir después te tanto caos para su final y entierro.

"Muerte es cuantas cosa vemos al despertar, sueño es cuantas al dormir." Heráclito.