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jueves, 29 de noviembre de 2012

Paladín de los aires

Colibrí que se embriaga en el ponzoñoso rumor del polen ajeno, que dibuja en los cuatro vientos todos los poemas eólicos. Viaja y batalla contra los desamores, con su armadura filiforme heredada de Eón. Musicaliza todos sus planes aéreos mientras busca alguna flor que le parezca atractiva: orquídea azul manganeso, margarita rojo magenta, amapola terracota, lirio plateado frío, maravilla lila polar... Y mientras pone la mejilla en vez del pico, se cuestiona por qué las abejas siempre logran el objetivo, siendo que un caballero de los aires tiene más derecho a enamorar que un simple insecto sin misión más que vivir de la jalea real. Y entonces se decepciona, entonces todos sus batallones se vuelven sus aliados, entonces todas las malvarrosas que le han proporcionado incondicionalidad florecen nuevamente de su espina dorsal, con tallos monocromáticos y hojas llenas de calcificaciones; forman un espectáculo de pétalos verde pistacho que sólo el público floral puede apreciar en la retirada del enamorado luego de sentir el entupir de un panal. Vuelve a su cueva arbórea, vuelve a su propio ser, sin alimentarse de algún néctar amoroso. Los desamores le abrazan, ellos sí le aman, le proporcionan más vida y arrullo que lo poco sublime del amor. Se anima, se duerme, le regala un racimo a sus sueños y luego despierta, sin energías en el cuerpo, pero con salicores en el cráneo. 
Se atreve a vivir un día más, una eternidad pasajera, que no trae beneficio alguno más que la desesperanza y la confianza en sí, de la ausencia tiene que aprender. Su armadura se libera de la corrosión y el pesado viaje se emprende denuevo, bajo un cielo liviano, bajo su vuelo complejo y simplista, bajo sus ojos llenos de lágrimas más sublimes que el amor mismo. Todo sobre el plano de un mundo efímero, pues se le precipita el universo entero con mosaicos de flores cósmicas que recivirán su caballeroso amor.
Que estando ajeno a todo ello, se ha dado cuenta de lo que se le ha ido cuando jamás lo ha tenido.

miércoles, 31 de octubre de 2012

Bacilación de un psicoactivo

"En el reino de la sobre coma..."
 
ANTECEDENTE: Oyente visual, elijamos dos nombres (lo más estereotipados posibles para romper los esquemas con un toque de ají): Atahualpa y Alicia. La primera con raíces incas y tendencia homosexual, la segunda con una visión a lo típico "europesco". Elijamos un equivalente a la historia revolucionaria, la cocaína.
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Estaban las dos en esa alfombra rugosa, de tres colores familiarizados (azul, celeste y blanco), alucinando: Alicia divagaba sin rumbo por callejuelas de Amsterdam o Nueva York, queriendo siempre vivir realmente en aquellos lugares tan bien pintados con óleos realistas; Atahualpa se fundía en el rose de sus hombros con los de su compañera, se derretía poco a poco y se encarnaba en la capa de células que se contactaban. Las dos estaban nadando en cocaína por diferentes razones: Alicia por su amor a las drogas duras, a las fotografías de ella adhiriéndole a su cuerpo, al mundo populezco de alta alcurnia; Atahualpa por la obsesión de ver esa sonrisa atontada en la otra, por volver a ver caer esos ojos que parecieran estar siempre despiertos, por ver enrojecida esa nariz que hace contraste con la piel pálida de Alicia. Alicia relata todas sus experiencias con algún viril de la época, mientras Atahualpa finge entenderle y aconsejarle vagamente, cuando en realidad sólo deja que sus ojos bailen la ritmo de los labios de su interlocutora. Atahualpa está profundamente enamorada. Atahualpa conoce el amor incondicional.
Cuando se encuentran solas, Alicia pareciera ser la pareja perfecta, Atahualpa se deja embriagar por el elixir de la amistad, pero se traga la ponzoña de los esquemas sociales hombre-mujer, mujer-hombre, hombre-mujer, mujer-hombre. La indígena no hace más que reflexionar sobre su envenenamiento pasional, busca soluciones a un amor tan profundo y las encuentra, las desecha para volver a enamorarse. Alicia vive la vida drogándose, es una vividora, es una soñadora, será una adicta. La amistad de las dos va más allá de una simple conversación en la realidad, se encuentran en lo onírico y se abrazan, Atahualpa prepara todo un escenario, todo un Set & Setting para recibir a su codiciada, pero esta la bombardea con edificos, cámaras fotográficas, montañas de Nutella y botellas de Coca-Cola.
Alicia puede pensar más allá del mundo superficial, ella tiene capacidades y no las gasta por simple capricho, por la obsesión de ser una más, porque le gusta la "G" de globalización, porque adora estar en la marea. Atahualpa le descubre, le palpa, le lee, le predice y se enamora, y se enamora, y se enamora.
Atahualpa deja de arreglarle la vida a Alicia, pues conoce el origen de la droga dura: la raíz equivalente de la resistencia, del valor y la fuerza de voluntad, la hoja de coca. Atahualpa corrió entregando mensajes sin parar, de una región a otra (del cerebro) de Alicia, pero jamás utilizó el estimulante adecuado. Las dos estaban ahogándose en la adicción, los síntomas de la abstinencia y la poli-polaridad. Atahualpa revienta en declaraciones incas y lamentos aborígenes, Alicia se intoxica de confusión. La mujer europea asume vivir pendiendo de las venas de su amiga, respirar de las arterias de su compañera, purificarse de las linfas de su amor platónico...
Atahualpa deja el amor incondicional para regresar y recorrer su Camino del Inca, Alicia se muere caminando en las blancas líneas de Francia. La hoja de coca da vida y resistencia antes de toda la síntesis de la cocaína, que refina tanto lo bueno como lo malo.